Vete a tomar por IA
En mi club de lectura acabamos de leer La muerte de Iván Illich, de León Tolstói.
Cuando Leticia y Cristina sugirieron este título, pensaron que sería una buena idea reflexionar sobre la muerte del modo en que solo Tolstói sabe hacerlo. ¡Qué hondura! Pero no imaginaron que estaban presagiando lo que mi cuerpo pedía a gritos en ese momento.
Este es el contexto en que me encuentro cuando he sido nominado por Wellman Project para escribir sobre Inteligencia Artificial dentro del proyecto de Mario Acevedo sobre cómo ayudar a las futuras generaciones.
Y es el mismo contexto vital en el que me hallo ahora —como algunos ya sabéis por las dos últimas entradas “riesgo de sufrir un infarto”—: cara a cara con la realidad de descubrir que el cuerpo no es eterno.
Desde la tensión de una vida que va más allá de respirar, trabajar, cumplir objetivos propios de la edad, preservar la especie y esperar pacientemente a que suceda una nueva metamorfosis, hablar de IA cobra otro cariz.
Fue este mismo contexto el que llevó a mi esposa y a mí a sacar a nuestros hijos del colegio, dejar nuestros trabajos estables y subirnos a una caravana para recorrer Europa durante catorce meses el año pasado.
Queríamos alejarlos —y alejarnos— de pantallas, redes y de la omnipresente influencia instantánea.
No somos ejemplo de nada, pero la desintoxicación está mereciendo la pena. Y sí: estamos orgullosos de que hoy, a sus 6 y 8 años, se enganchen a libros, cuentos y relatos que narran historias reales, en lugar de a tabletas sin alma que cuentan lo que otros les quieren diseñar.
¿LA IA ES BUENA?
No.
La IA no es ni buena ni es mala. Es.
No se pueden hacer juicios morales sobre algo sin consciencia. Solo podemos emitir juicios éticos sobre el uso que hacemos de ella.
La pregunta importante aquí es: ¿la IA nos hace más humanos?
Para responderla hay que preguntarse primero qué significa ser humano y medir si nos eleva o nos rebaja de esa categoría.
Y sí: la IA ayuda a desarrollarnos como tales.
Desde siempre el ser humano ha intentado romper las barreras del tiempo y del espacio: el deseo de ser como Dios que arrastramos desde Eva.
Ahí están el transporte cada vez más veloz (ruptura del espacio), el teléfono, Zoom y las videollamadas (ruptura del tiempo).
La IA es un paso más en esa escalera.
Oponerse a su desarrollo es oponerse a nuestro deseo más íntimo, incrustado en ese ADN que nos empuja a trascender.
Ya sé, ya sé: me vas a salir con lo de la Torre de Babel.
Sí, también la soberbia humana produjo ese pecado de intentar alcanzar a Dios y el castigo de Este por osar a tal empresa.
Pero ¿no ves la honorabilidad de aquellos constructores incluso en su mismo pecado?
La IA es otro eslabón en la cadena de lo que hemos sido llamados a ser.
Y ha venido para quedarse. Desecharla sin más es inepcia.
Aún recuerdo a Lorenzo Trujillo, rector, a principios de este siglo (o finales del anterior), hablándonos a sus pupilos sobre el impacto que los ordenadores personales tendrían en nuestra forma de escribir.
Yo ya escribía entonces. Y recuerdo cómo antes de sentarse frente al papel había que tener clarísima la idea de todo antes de comenzar. Cualquier cambio de guion se pagaba con tachones, páginas rotas y encestes gloriosos en la papelera.
Hoy eso nos parece Atapuerca: abro el ordenador y todo es brainstorming, caos, reordenación, pulido, corta y pega, edición infinita… hasta encontrar la forma exacta de expresar lo que uno quiere.
Con la IA pasará igual: la alteración de nuestra forma de procesar y resolver será revolucionada.
Y aquí va la sirena de aviso: todo a su debido tiempo.
Como padre: ¿cuándo introduje el jamón en la dieta de mis hijos?
Cuando ya no corrían riesgo de atragantarse y tenían las herramientas —dientes, jugos gástricos, sistema digestivo listo— para gestionarlo.
¿Cuándo leyeron su primer libro?
Cuando estaban preparados para comprenderlo, no simplemente cuando descifraban letras.
¿O le pusiste El Quijote a tu hija de cinco años cuando apenas identificaba la “m”?
Soy muy fan de la doctora Rojas, lo siento por quien frunza el ceño: la corteza prefrontal necesita años para desarrollarse.
Así que manda la IA a tomar vientos hasta que “esa personita” que tienes a tu cargo comience a funcionar como tal. Aléjala del uso cotidiano hasta que su voluntad esté musculada para elegir lo que la hace más humana.
Sí, lo repito para que no se me confunda o dé ocasión a dudas: no estoy diciendo que hay que educar a los niños y jóvenes en el uso de la IA. ¡NO! Hay que prohibírselo, e introducirla a su debido tiempo.
¿Cuándo? Aún no lo sé, habrá que pensarlo más despacio: pero estoy seguro que nunca antes de los 17. ¿Quizás a los 21?
Además, nunca olvides que uno puede atragantarse con jamón a cualquier edad. Pero al menos no los expongas a eses riesgo desde el primer segundo.
Como profesor de instituto, profundamente comprometido con la educación desde mis escritos y mis libros infantiles y juveniles, veo que el boom de la tontería educativa —kahoots, vídeos, PPTs, fuegos artificiales audiovisuales— está empachando a los alumnos.
Cuando un día llegas a clase y cambias la pantalla por una buena historia, ves cómo se les iluminan los ojos a tus alumnos: ¡el poder de un buen relato es eficaz!
Creo que están cansados de ver a profesores haciendo el mono para entretenerlos.
Dejo este párrafo apuntalado por aquí —merece texto aparte— porque debo terminar y nominar a Celia para la siguiente entrada del proyecto.
¡Que la IA nos pille confesaos!
Este ha sido un post de la serie: ¿Cómo se puede apoyar hoy a las próximas generaciones?
Post #1 - Mario Acevedo (Club Formidable)
La IA nos está volviendo más eficientes, sí — pero también más cómodos. El futuro premiará a los que sigan haciéndose preguntas.
Post #2 - Viki Morandeira (Hablemos de Pareja)
Preparar a nuestros hijos no para competir a toda costa, sino para vivir en coherencia consigo mismos.
Post #3 - Gabriel Martínez (Caleidoscopio)
Post #4 - Wellman Project (Idem)
Post #5 - CS Bermejo (Vivir del cuento)
Vete a tomar por IA
Post #6 - Celia (Conciencia Laboral)
(Iremos actualizando la lista conforme se vayan publicando los posts de la serie)
Sigo creyendo que las historias nos salvan y transmiten lo verdaderamente humano que queda en nuestro mundo.
Por eso te puedes acercar a mis historias aquí: Amazon.com: Santos CS Bermejo: libros, biografía, última actualización





Por cierto, todos aquellos colegios que se apuntaron a la moda de prescindir de los libros de texto y apostar por las pantallas, se están volviendo atrás. Los que llevamos muchas décadas enseñando, somos testigos del gran deterioro de la educación en España, con un sinfín de leyes de educación pensadas por gentes que nunca pisaros las aulas. Y no sigo porque me pierdo.
Estoy completamente de acuerdo contigo: los niños hay que mantenerlos dosificados en cuantos a redes y demás. Bendita inocencia. A partir de ahí, todo lo que sea ponerle puertas al campo está condenado a la melancolía. Presumo que el horizonte que se nos presenta, si no ocurre ninguna catástrofe -no descartable con los mandatarios actuales-, será de ciencia ficción. Y quien no se adapte... El cine es un buen explorador de futuros.